Mostrando entradas con la etiqueta arte. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta arte. Mostrar todas las entradas

domingo, 7 de agosto de 2011

Babettes Gaestebud: la generosidad del arte


Volví a ver "La fiesta de Babette" o "Babettes Gaestebud" en su idioma original (danés), aquella película del director Gabriel Axel de la que tanto se habló en 1987, cuando ganó el Oscar. Amen de otros preciosismos, como el vestuario diseñado por Jean Paul Gaultier y una fotografía exquisita, es una de esas pelis cuyas metáforas vale la pena volver a transitar cada tanto: la metáfora del placer, la metáfora del refinamiento, la metáfora de la sutileza, la metáfora de la riqueza, la metáfora del amor, la metáfora del poder...
Pero hay algo que me conmociona particularmente de la metáfora babettiana, y es la idea de que el verdadero goce del artista no está en los aplausos del público, sino en la ejecución misma del acto creativo. Aunque el receptor de la obra de arte siempre esté presente en ella (y este es en gran medida el principio del sentido social del arte)como "reader's response" o "lector modelo", diría Eco, la recepción "efectiva" no es para el artista más que un sueño que nunca podrá conocer, controlar y ni siquiera imaginar.
Esa Babette de esa fiesta en la que cocina con absoluto refinamiento para unos comensales que cualquiera consideraría rústicos e incapaces de gozar de él, nos dice: El artista crea, ejecuta su obra imaginando un otro, y luego espera, en silencio. El arte es un homenaje del artista a los otros. El arte es pura generosidad, no espera nada de otros más que el goce.
Y Yo, que siempre me cuestiono por qué hace uno lo qué hace: por qué escribe, por qué publica, por qué se muestra...yo que me pregunto cuánto tienen el arte y la generosidad de narcisismo, me pongo a pensar respuestas múltiples,  las encuentro siempre llenas de contradicciones, evanescencia, dulzura y miseria, recibo una sagrada esperanza en los platos de amor y entrega, como el de Babette.

martes, 26 de julio de 2011

La voz de los otros



Comparto "Mare Nostrum", un bellísimo reportage del documentalista italiano Alessio Osele, segura de que la contracara del racismo, la bestialidad y la xenofobia está en la posibilidad de escuchar la voz de los otros.

martes, 31 de mayo de 2011

La Naturaleza imita al Arte



Refugiada en el bosque del Val di Sella (Trento, Italia) esta obra de arte espera, junto con otras, ser descubierta por los trekkinistas curiosos.
Cada obra que se puede encontrar durante el paseo, está confeccionada con los materiales del bosque (ramas, piedras, agua, hojas), y todas se prestan lentamente a la progresiva integración con el paisaje que les dio vida, atravesadas por el tiempo
-en su acepción cronológica y meteorológica- y reinterpretadas por él.
Sin embargo, este extraño "hongo" (tótem, capullo...como guste) tiene una particularidad: está íntegramente construido con una tirada completa del diario local. Esta vez poco importa el contenido, los mensajes implícitos o explícitos que subyacen en las palabras, la gráfica, el posicionamiento ideológico, la función social de la prensa: descontextualizados, dispuestos de este modo, "vueltos estilizadamente al bosque", los diarios desnaturalizan su modo de lectura para tornarse no sólo Arte, sino la materialidad de su filosofía.
Ya no significan por lo que dicen, hablan de lo que son: el ciclo espeso y convulso de la transformación de la naturaleza en objeto cultural, en manipulación, en construcción de subjetividades, en política, en dialéctica, en mercancía, en poética y finalmente en estética.

lunes, 2 de mayo de 2011

Herzog and the Cave of Forgotten Dreams



El TrentoFilmFestival (Trento,Italia), me ha permitido gozar el sábado del último documental de Werner Herzog, "La cueva de los sueños olvidados". Herzog y una escasa troup logran internarse en la cueva Chauvet-Pont d'Arc, en el sur de Francia, cuyas paredes se encuentran las pinturas rupestres más antiguas conocidas (35.000 años), lo que supone el doble de antigüedad que las siguientes. Las impactantes pinturas fueron descubiertas en 1994 y hasta esa fecha se seguía creyendo que no existían pinturas rupestres de más de 17.000 años.
Para rodar este film, Herzog consiguió el permiso del gobierno francés para trabajar cuidadosamente, en un escaso tiempo y en condiciones muy rudimentarias.
Dos cosas para destacar de esta maravillosa obra: Una es el uso de la tecnología con la cual ha logrado capturar y transmitir a un expectador que nunca (a menos que se trate de un antropólogo altamente especializado o algo por el estilo) podrá ver con sus propios ojos, la sensación de "estar ahi". Cuando, acostumbrados al uso taquillero del 3D recibimos los anteojitos para ver un documental de Herzog, sospechamos que algo maravilloso está por ocurrir. Cuando, al salir, los devolvemos, confirmamos que algo maravilloso ha ocurrido: hemos estado 35.000 años en otro mundo.
Otro milagro: las pinturas y la metáfora del arte. A medida que la cámara va entrando en los detalles de los caballos, los leones, los rinocerontes, las vacas y los 400 animales que están pintados en la caverna, uno imagina a esos hombres, en un ambiente helado, con la única iluminación y calefacción de una precaria antorcha, en condiciones límite para un ser humano, forzando sus trazos con carbón en las paredes de una cueva inhabitable, y se pregunta por qué lo hacen. Y la única respuesta posible es la voluntad artística implacable de esos hombres, la amorosa necesidad de crear volumen, sombra, luz, movimiento, belleza, naturalidad, espacio, tiempo...
Nuestro querido Herzog, padre de todos los asombors, ha  construido una vez más la analogía, el símbolo que media entre las cosas y los hombres, poniéndole palabra e imagen:: del mismo modo que las condiciones extremas de la caverna no fueron para nuestros ancestros un impedimento, tampoco lo son para Herzog ni para tantos, que desde hace millones de años son atravesados por esa necesidad unívoca, omnipresente y posiblemente sobrehumana del arte.

viernes, 29 de abril de 2011

El futuro ya llegó


Alguien anticipó la idea de que la Science Fiction había logrado contruir tendencias estéticas: en el diseño de electrodométicos, de muebles, en la arquitectura, el cine, la moda...sin dudas, como decía el Indio Solari, "el futuro ya llegó", y es posible encontrarlo cara a cara más presente de lo que imaginamos en el pasado, cancelado, renovado e inquietantemente bello.
Pero ésto sólo para unos pocos, claro, de más está decirlo.

sábado, 18 de diciembre de 2010

El Manifiesto de Artaud


No podemos vivir eternamente rodeados de muertos y de muerte.
Y si todavía quedan prejuicios hay que destruirlos.
EL DEBER
digo bien
EL DEBER
del escritor , del poeta,
no es ir a encerrarse cobardemente en un texto, un libro,
una revista de los que ya nunca saldrá,
sino al contrario salir afuera
para sacudir
para atacar
al espíritu publico
si no
¿para qué sirve?
¿y para qué nació?


Cuando Artaud decía esto, en el año 1932, yo todavía no había nacido.
Afortunadamente, el texto me paso inadvertido a lo largo de la infancia, donde prefería las trágicas historias de los hermanos Grimm y los Salmos Responsoriales.
Hasta que llegó la adolescencia y descompuso mis creencias sobre el mundo, el sobremundo y el submundo. Ahí llegaron The Clash y los poetas Malditos: inevitablemente después vino Artaud.
El Manifiesto me hizo probar el romance entre el arte y el espíritu público.Y aunque algunas otras respuestas sobre el sentido del arte me parecieron de a ratos muy elegantes, siempre opté por volver a aquella idea hecha de amor y aire puro:
el sentido del arte es un sentido social.

Oh, cher Antonin, je vous salue!