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viernes, 9 de septiembre de 2011

Crónicas perversas


“Ese objeto cultural que llamamos actualidad –tal como
la presenta, por ejemplo, el noticiero de un canal de televisión
un día cualquiera- tiene el mismo status que un automóvil: es un producto,
un objeto fabricado que sale de esa fábrica que es un medio informativo.
Los medios no copian nada (más o menos bien o más o menos mal):
producen realidad social” (Verón: 1987)

Hablando del lenguaje, el filósofo austríaco Ludwig Wittgenstein afirmaba: “No preguntes por el significado, pregunta por el uso”. Esta idea pone en evidencia que el lenguaje no es un hecho privado sino que se construye siempre en una relación social. Las palabras cobran vida cuando se usan, no son neutras ni “personales”, sino que están libradas a las leyes de un juego que se compone con los otros. Ninguna palabra, ningún discurso, ningún género, por “objetivo” que se considere a sí mismo, escapa a esta ley.
Todos sabemos que cuando usamos las palabras las seleccionamos, decidimos si decir o no esto o aquello, pensamos cuál será la forma más apropiada de expresarnos…aunque no siempre la encontremos. Y ese esfuerzo está siempre en relación con los otros, con las personas a las que queremos influir, con las que dialogamos.
Así, todas las palabras, todas las frases, todos los modos de expresarnos son subjetivos. Cada vez que elegimos una palabra hacemos un juicio, evaluamos, condenamos, analizamos, valoramos, descalificamos…nos posicionamos frente al mundo.
Sin embargo este evidente “juego” social propio del lenguaje, del que largamente hablaron filósofos, lingüistas, sociólogos, psicólogos –etc.- parece desaparecer de la vista de todos cuando es el periodismo quien toma la palabra.
Una lectura crítica de los medios requiere abandonar la suposición de que la prensa “es objetiva”, es decir, que “reproduce” fielmente los acontecimientos.
Lejos de ello, existen innumerables razones para creer todo lo contrario: cada vez que un acontecimiento es presentado en los diarios, la TV, en la radio, lo que estamos viendo es una interpretación, una construcción de los hechos.
Resulta frecuentemente más fácil asumir que  un cuento, una novela, una película “construyen la realidad” de la cual hablan, que esta construcción sea inherente a una noticia periodística.
Pero existen razones para afirmar que la “ilusión de verdad” de los medios debería ponerse en cuestionamiento y asumir lisa y llanamente que cada palabra, cada frase, cada imagen, cada omisión, cada modo de diagramar las secciones y de construir el espacio, cada noticia que se presenta en ellos es puramente intencional: constituye una opinión política y una toma de posición ideológica más o menos explícita.
Esas razones saltan a la vista en el mundo actual y constituyen un fenómeno definitivamente llamativo: desde las columnas de opinión donde los periodistas u otros personajes públicos expresan abiertamente sus opiniones, hasta los “golpes mediáticos” definen el rumbo de las sociedades, sostienen o confrontan gobiernos, forman ideológicamente, constituyéndose como innegables grupos de poder.
Para muchos estas afirmaciones  pueden resultar reveladoras o discutibles, a pesar de que  existe desde hace centenares de años una vasta cantidad de literatura que las sostiene y analiza desde diversas  perspectivas: lingüística, semiológica, sociológica, filosófica e incluso periodística.[1] Pero para otros el hecho de que la prensa es ideológica, política, intencional, y muchas veces tendenciosa y manipuladora es una obviedad.
Como todos saben en Argentina, el diario Clarín tiene una tendencia indisimulada a boicotear al gobierno de Cristina Kirchner, sea cual fuere la idea o tema que se discuta. El otro diario que está a la cabeza de esta cruzada es La Nación.
Estos son los dos grandes frentes que se resisten a renunciar a los privilegios monopólicos de los que habían gozado hasta la sanción de la Ley de Medios.
Sabemos que, como señala Umberto Eco,”la comunicación se ha transformado en industria pesada”[2] y por lo tanto, no es la “calidad” ni la “veracidad” de la información lo que las corporaciones oligopólicas de la información privilegian, son sus propios intereses.
Así, la pretendida “objetividad” y “neutralidad” de la que tanto alardea el “el gran diario argentino”, ha dado abiertamente paso a la manipulación de la información, a la falta de seriedad en el tratamiento de las fuentes, a la tergiversación y a un malintencionado uso de la palabra pública que pone cada día en evidencia una visión irrespetuosa e irresponsable tanto de la política como de su propio público lector.
En el marco de un gobierno democrático como lo es el de Cristina K., no caben dudas de que los intereses encontrados son concebidos como parte del debate cotidiano que debe sostener toda política para dar lugar a la representación la diversidad de puntos de vista, objetivos, ideas e intereses.
Sin embargo, esta necesaria expresión de las tensiones entre grupos divergentes (propia de la vida democrática) debe ser cuidadosamente tratada y discutida institucionalmente  para que siga siendo verdaderamente participativa y representativa de los intereses de los ciudadanos y no de las corporaciones. Esto es algo que Clarín y La Nación no parecen haber comprendido.


[1] Consultar referencias bibliográficas al final del texto
[2] Eco, Umberto, “Para una guerrilla semiológica”, La estrategia de la ilusión, Barcelona, Lumen, 1988.


jueves, 21 de julio de 2011

Paradojas y metáforas del voto


La política -como la vida- está llena de paradojas y metáforas.
Hace unos meses en Italia más de la mitad de los ciudadanos se expresaron contra la vergonzosa política berlusconiana a través de la metáfora de un referendum.
En la antípodas cívicas y geográficas, unos pocos días atrás, en Buenos Aires, más de la mitad de los ciudadanos de la Ciudad se expresaron contra la política kirchernista a través de la metáfora de un vergonzoso candidato neoliberal carente de todo proyecto político: Mauricio Macri.
Más allá de arbitrariedad de la simetría que me sirve de ejemplo (o, más bien, del retruécano), me permito suponer que la gente se une y se expresa políticamente a través de metáforas que no siempre incumben a la política misma.
Muchas veces son los medios de comunicación los que rigen los signos que componen esta metáfora; otras veces es la vieja y archiconocida lucha de clases la que gobierna los deseos y los temores de la gente; otras veces es un simple enojo, omnipotencia, prepotencia; otras, el desgano o el displacer de pensar y confrontar...
Así es como esas metáforas terminan por expresar las paradojas que dominan el terreno de las discusiones políticas y los anhelos de la gente: los pobres que ingenuamente creen que serán ricos si son amigos de los ricos; los ricos que se valen de los pobres para seguir siendo ricos.
Es por eso que cuando se vota no siempre gana el mejor, ni el peor...y aún más grave: ni siquiera gana la política.
Y los nosotros, que genuinamente creemos en la política, en la posibilidad de luchar contra los monopolios, en la equidad social, en la justicia, encontramos muchas veces en el rostro de nuestros enemigos, la contracara de nuestras esperanzas.

Hablando de paradojas me resulta ineludible evocar a Borges -que de estar vivo en Palermo, hubiera votado seguramente a Macri-, y aquellos célebres y paradojales versos sobre Buenos Aires: "No nos une el amor, sino el espanto/Será por eso que la quiero tanto"


(Foto: Alessio Osele)

miércoles, 29 de diciembre de 2010

SIN MIEDO A LOS GOLPES BAJOS



Muchas veces, cuando en la contienda un enemigo se siente acorralado, opta por la estrategia de los "golpes bajos".
Este gráfico nos muestra como, trabajando en equipo y manteniéndonos firmes en nuestra propia posición, es posible resistir a los contendientes inmorales, que no dudan en atacar nuestras zonas más sensibles cuando advierten que no pueden ganar la lucha limpiamente.

sábado, 18 de diciembre de 2010

El Manifiesto de Artaud


No podemos vivir eternamente rodeados de muertos y de muerte.
Y si todavía quedan prejuicios hay que destruirlos.
EL DEBER
digo bien
EL DEBER
del escritor , del poeta,
no es ir a encerrarse cobardemente en un texto, un libro,
una revista de los que ya nunca saldrá,
sino al contrario salir afuera
para sacudir
para atacar
al espíritu publico
si no
¿para qué sirve?
¿y para qué nació?


Cuando Artaud decía esto, en el año 1932, yo todavía no había nacido.
Afortunadamente, el texto me paso inadvertido a lo largo de la infancia, donde prefería las trágicas historias de los hermanos Grimm y los Salmos Responsoriales.
Hasta que llegó la adolescencia y descompuso mis creencias sobre el mundo, el sobremundo y el submundo. Ahí llegaron The Clash y los poetas Malditos: inevitablemente después vino Artaud.
El Manifiesto me hizo probar el romance entre el arte y el espíritu público.Y aunque algunas otras respuestas sobre el sentido del arte me parecieron de a ratos muy elegantes, siempre opté por volver a aquella idea hecha de amor y aire puro:
el sentido del arte es un sentido social.

Oh, cher Antonin, je vous salue!

sábado, 11 de diciembre de 2010

Ideolo-gemas: algunas joyitas recogidas en el marco de la toma del parque indoamericano. Buenos Aires, dic 2010

"Nadie los manda a tener hijos"
"No trabajan porque no quieren"
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"No son bolivianos, son paraguayos"
"Mandan a los hijos a pedir"
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"Los vivos se aprovechan de la miseria"
"Todo lo resuelven con violencia"
"No somos xenófobos"
"Los bolivianos nos sacan el trabajo porque son laburantes"
"Yo tengo una mucama paraguaya que es una joyita"
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"Se perdió la cultura del trabajo, necesitamos obreros"
"Lo que pasa es que no hay oficios"
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"Se perdió la cultura del servicio"
"Esa cultura campechana, que era tan linda"
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"Hay de todo"
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"No es culpa del Gobierno"
"Es culpa del Gobierno"
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"Si logran su objetivo estamos perdidos"
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"El tema es que hay cuatro muertos"