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domingo, 14 de noviembre de 2010

Cuidado con la gloria

 Vos imaginate que deviniste héroe, que te ganaste un trofeo de plástico dorado y una medallita por haber...cruzado los Alpes en jirafa, por ejemplo.
 Te condecoran por todos lados como a una vaca de la rural, y te engordan igual que al chancho navideño. Sos un señor chancho, ahora sí.
 Te comprás un Mercedes, te ponés botas texanas, te anudás una corbata horrible con lunares y salís a la calle a demostrar que sos como el Rockefeller, que te podés dar el lujo de..., el lujo de.... el lujo de...
 Entonces todos comienzan a interesarse por tus calzoncillos: que de qué color son, y de qué marca y si tienen o no grabada la cara del Pato Donald. Solicitado señor de calzoncillos místicos.
 Pero claro, a cada cosa le llega su final: las acciones Héroes empiezan a bajar (porque los economistas dicen que todo lo que sube, baja) y el único héroe que todavía cotiza es la Hormiga Atómica.
 Entonces, nada por aquí, nada por allá: ya no te queda ni un lunar de la corbata. Ahora sos una rata cualquiera, como todos. Empiezan a rellenarte los piojos, y, por supuesto, nadie más habla de tus calzoncillos (que, a esta altura huelen muy mal).
 Ahí te encañonás la sien, y sos un muerto tan ridículo como tantos.
Per questo: cuidado con la gloria.